Como seres humanos somos egoístas por naturaleza. Solemos ponernos siempre a nosotros primero, nuestros deseos, anhelos, necesidades… y después ya miramos a los demás. Nuestra relación con Dios no es diferente pues generalmente nos centramos en pedir… Queremos ser servidos por Aquél a quien debemos servir.
¿Qué nos enseñó Jesús?
Jesús nos enseñó algo diferente:
El rico insensato
Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia.
Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
La Biblia no nos dice quién era ese hombre, pero le pidió a Jesús que intierviniera en este asunto pero ¡Jesús se nego!
Este hombre no entendió el llamado de Jesús ¿cuántos de nosotros no hacemos lo mismo? Creemos que Dios es como un genio de la lámpara que está para cumplir todas nuestras peticiones pero esa no es la realidad.
Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.
Juan 6:38-39
Ese es el verdadero propósito de la venida de Jesucristo a la Tierra: Salvarnos y restaurar nuestra relación con el Padre.
Jesús conocía la intención del corazón de esa persona y le dijo que debemos cuidarnos de la codicia y de querer o confiar en las riquezas de este mundo.
El peligro de confiar en las riquezas y la codicia
Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
Lucas 12:15
En este pasaje Jesús nos exhorta a no ser codiciosos. No debemos tener un deseo desenfrenado por las riquezas y cosas materiales de este mundo. Pues estaríamos cayendo en el pecado o error de la idolatría.
Fíjate en los versículos siguientes:
Efesios 5:5, Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.
Colosenses 3:5, Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;
Hebreso 13:5, Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;
A menudo pensamos que nuestra seguridad o valor se equipara con el éxito o la abundancia de cosas y riquezas materiales que poseemos pero seguido a la petición de esa persona Jesús les refirió esta parábola:
Lucas 12:16-21
También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.
Veamos 3 problemas que tiene esta persona de la parábola:
1. Egoísmo
Dios le bendijo con abundancia pero éste hombre sólo pensaba en sí mismo. Había acumulado riquezas pero nunca pensó en ayudar a los pobres y necesitados.
2. Sólo miró planificando su vida en esta Tierra
Los bienes materiales nos dan una seguridad aparente pues el día del juicio ¿de qué nos servirán?
Recordemos Proverbios 11:4: No aprovecharán las riquezas en el día de la ira; Mas la justicia librará de muerte.
3. No cumplió con la misión de Dios
Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.
Este hombre fue bendecido pero no bendijo a los demás. La codicia se apoderó de su corazón y no buscó hacer la Voluntad del Señor.
Jesús sigió diciendo:
Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás? Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
Jesús habló de la preocupación
Nuestra preocupación no sirve de nada. Es una característica de las personas que no sirven a Dios, pues el ansiedad ni siquiera puede darnos un día más de vida.
Jesús habló de la prioridad
Satanás intentará desviarnos del Reino de Dios y así alejarnos o dejarlo para el final, distrayendo nuestra atención por afanes y ansiedades de la vida.
Jesús enseñó dónde debe estar nuestro corazón
Nuestro corazón siempre está en lo que más valoramos. Si nos enfocamos en el mundo y sus cosas materiales nuestro corazón se alejará de la riqueza espiritual. Sin embargo, si nos enfocamos en las cosas de Dios alcanzaremos gloria eterna.
¿Dónde está entonces tu corazón?
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