Esta frase del Salmo 138:8 de la Biblia (la Palabra de Dios) expresa la confianza en que Dios termina lo que empieza y completará la obra que ha comenzado en la vida de un creyente. Es una declaración de fe en Su fidelidad y Poder para llevar a cabo Sus planes.
Se basa en la creencia de que Dios tiene un propósito para cada individuo y que, a través de su misericordia y poder, cumplirá ese propósito, incluso a través de las dificultades. Nos da la confianza también en que Dios no abandonará Su obra.
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