¿Por qué estoy sufriendo tanto si soy cristiano?

El sufrimiento y el cristiano

Una de las preguntas más difíciles que nos hacemos como cristianos es entender el porqué del sufrimiento. Muchos pensamos que como Hijos de Dios y por tanto, creyentes y salvos, deberíamos estar exentos de sufrir en este mundo.

Esta visión está muy relacionada con la línea de pensamiento neopentecostal, que nos promete éxito personal, prosperidad financiera, victoria sobre los males, cura de enfermedades… pero eso no es lo que la Biblia nos dice.

Podemos llegar a pensar que sólo por vivir en santidad y permanecer firmes, debemos estar exentos de cualquier tipo de sufrimiento. Pero pensar esto es incorrecto, porque Dios permite que pasemos por muchas aflicciones:

Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová. (Salmo 34:19).

Jesús nos dijo en Juan 15 que tuviésemos en cuenta que: Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. (Juan 15:20).

El problema del sufrimiento

Quizás podemos preguntarnos, si Dios es todopoderoso y misericordioso… ¿por qué no pone fin al sufrimiento de sus Hijos de forma definitiva? Esto es porque si Dios lo hiciera, no tendríamos consecuencias de nuestras decisiones y elecciones que tomamos, pues cosechamos lo que sembramos. Y llevaríamos una vida no de acuerdo a la Voluntad de Dios. Esto es lo que dijo Pablo en Gálatas 6:7-8:

No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

Dios nos dió la capacidad de pensar y reflexionar para que sepamos que todas las decisiones tienen consecuencias. Y muchas de esas decisiones que tomamos tienen repercusión también en el sufrimiento y vida de los demás.

Ejemplo de Saúl en la Biblia

Mira el ejemplo de Saúl: Fue elegido como primer Rey de Israel y le fue dado por el Señor todo lo necesario para hacerlo de la mejor manera. Sin embargo, analizando 1 Samuel, vemos que fue rebelde y desobediente en varias situaciones. Por lo que perdió su bendición y reinado en favor de David (1 Samuel 13:14; 16:1). Vió a su ejército destruido por los enemigos (1 Samuel 31:1) y terminó con su propia vida en el campo de batalla (1 Samuel 31:4). Fue un final trágico para Saúl, debido a las consecuencias de sus propias decisiones a lo largo de su vida.

Por tanto, lo que Dios nos dice hoy es que Él tiene propósito detrás de tu sufrimiento, incluso si el dolor es consecuencia de tus errores. ¡Él puede restaurarlo! Mira lo que dice Job 5:17-18:

He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso. Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará; Él hiere, y sus manos curan.

Dios es tan bueno y misericordioso que aún habiéndole fallado y decepcionado, no se rinde con nosotros y promete ayudarnos. Así que… ¿estás permitiendo que Dios te moldee y transforme

Hay cristianos pasando por sufrimientos diversos que no creen en la promesas de Dios y lloran por todos los rincones, sin llegar a comprender quién es Dios y lo que Él hace. Se convierten así en víctimas.

El ejemplo de Nehemías en la Biblia

Veamos a Nehemías, un judío que trabajaba como copero del rey de Persia. En Nehemías 1:1-4, un día recibe la noticia de que Jerusalén había sido destruída y lloró porque sus compañeros israelitas estaban en la miseria y en la desgracia. Estuvo tan triste que hasta el rey se dió cuenta de su tristeza.

Lloró pero no para compadecerse sino que ayunó, oró y se comprometió a acudir a Jerusalén para arreglarlo. Mira lo que Nehemías dijo a los compañeros que le ayudarían:

Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio.

Tomemos ejemplo y no dejemos que las dificultades y tragedias nos desanimen por completo. No caigamos en el victimismo. Podemos y es lógico llorar, pero ante todo debemos buscar al Señor, pidiendo fortaleza y no conformándonos con lo que nos está pasando.

Cómo enfrentar el sufrimiento

Dios espera que tras llorar y estar tristes, levantemos la cabeza, sequemos nuestras lágrimas y busquemos su ayuda en oración y súplica, comenzando a tomar medidas para solventar cualquier situación: ruina financiera, matrimonio en crisis o cualquier otra cosa. Pide perdón a tu cónyuge, busca un nuevo trabajo… ¡haz todo lo que sea por cambiar la situación que te hace sufrir!

No es cierto que como dicen algunos, cuando sufrimos es porque estamos en pecado. Si fuera así, Jesús no nos habría dicho que tendríamos aflicciones, sino que confiemos en quién ha vencido al mundo. (Juan 16:33). Podemos ver también el sufrimiento de Pablo como ejemplo, de que no fue por estar en desobediencia, sino por seguir a Cristo de corazón, no quejándose nunca de sus pruebas:

De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?

Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad. (2 Corintios 11:24-30)

Debemos fortalecernos en el Señor, en vez de buscar culpables o tratar de encontrar una causa para nuestro sufrimiento. Revistámonos del poder de Dios y fortalezcámonos unos a otros. Veamos lo que dijo el apóstol Pedro:

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (1 Pedro 5:6-10)

No seamos creyentes débiles o pensemos que nuestra gloria está en esta vida, como muchos falsos predicadores han salido a pregonar, ese no es el verdadero Evangelio. Recuerda la advertencia de Oseas 4:6, Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.

Dios no quiere que seamos engañados. El sufrimiento puede ser consecuencia de nuestros errores sí, pero Él hará uso de ese dolor para convertirlo en purificación de nuestros corazones. La Biblia nos dice que seamos pacientes y perseveremos en medio de las aflicciones, ya que todo ello algún día habrá obrado para nuestro bien.

Comprendamos y asumamos la esperanza que nos transmite Santiago 5:10-11: Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.

Recuerda que todo esfuerzo tiene su recompensa y todo sufrimiento tiene su consuelo. Lee la Biblia en Mateo 5:4, Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación y también que los dolores del tiempo presente no serán comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. (Romanos 8:18).

Entonces, no busques a quién culpar por tu sufrimiento, a veces, sufriremos por elegir seguir los pasos de Jesús. No llores por tu «mala suerte», seca tus lágrimas, pide ayuda al Señor y comienza por hacer las cosas que sean posibles para cambiar la situación por la que estés pasando.

Dios te bendiga.

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