Cómo arrepentirse y estar a cuentas con Dios

arrepentimiento bíblico

Arrepentirse es cambiar la mente. Dejar el camino malo e ir por el bueno sin mirar atrás. Es cambiar nuestra actitud y comportamiento con respecto a algo que venimos haciendo. Arrepentirnos es cambiar nuestro corazón, mirando hacia Dios y escogiendo Su propósito para nosotros que es la santificación y hacernos un nuevo reflejo de Jesús.

Arrepentirnos es algo necesario ya que vivimos en un mundo donde podemos pecar, podemos hacer cosas que ofenden a Dios y que Él no aprueba. Confesar a Dios sinceramente nuestra falta de obediencia y sabiduría nos ayudará en el proceso de dejarnos guiar por su Espíritu Santo.

En el Salmo 51, tenemos el ejemplo de un verdadero arrepentimiento mostrado por David, quien siente pesar y tristeza por su pecado (error frente al estatus de vivir bajo la presencia de Dios).

El arrepentimiento de David, Salmo 51

En este Salmo, David muestra su arrepentidmiento ante Dios. Es un ejemplo de cómo debemos sentirnos nosotros por hacer o decir cosas que desagradan a Dios. Debemos arrepentirnos sinceramente prácticamente a diario delante de Dios y confesar nuestros pecados (que a veces también son ocultos) y Dios, nos limpiará de toda maldad y nos perdonará (1 Juan 1:9).

Veamos el arrepentimiento sincero de David tras su pecado de adulterio con la mujer de Urías, Betsabé, y también su pecado de asesinato del mismo Urías posteriormente, para limpiar sus manos debido a que Betsabé quedó embarazada (2 Samuel 11).

David derrama su corazón a Dios así:

Salmos 51

Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.

Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.
Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí.

Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos;
para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio.

He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.
He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.

Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve.
Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido.

Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.


No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu.

Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente.
Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti.

Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación;
Cantará mi lengua tu justicia.

Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.
Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto.
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.


Haz bien con tu benevolencia a Sion; Edifica los muros de Jerusalén.
Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada; Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.

El verdadero arrepentimiento es una tarea diaria

Arrepentirse es reconocer nuestros errores delante de Dios. Sabiendo que hemos cometido ofensas delante de nuestro creador que también han podido dañar a otros y debemos pedir perdón.

Una vez que hemos dado el paso de confesar, el siguiente paso es apartarse del mal ya que eso es sabiduría e inteligencia y lo correcto para acercarnos a de nuevo a Dios. Así es como dice la Palabra en 1 Pedro 3:10-12.:

<< Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; Apártese del mal, y haga el bien; Busque la paz, y sígala.  Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.>>

Cada día debemos acercarnos a Dios en arrepentimiento y confesarle nuestros pecados, ya que todos los días cometemos errores, ya sea de palabra, pensamiento, acción e incluso de omisión. Debemos también pedirle a Dios ayuda para nuestro éxito en la lucha diaria y poder así recibir su bendición.

Cristo, nuestro abogado

Sabemos que tenemos a Jesús, quien es nuestro abogado ante el Padre: Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (1 Juan 2:1).

Nuestro Dios es un Dios Santo, Santo, Santo y bueno en sobremanera. Debemos dejar que Él nos dirija, cambiando nuestro rumbo, dejando de hacer cosas que le ofenden o desagradan y así poder estar a cuentas con Él pues habrá un día en que se va a celebrar el Juicio divino a la humanidad, donde serán expuestos todas las intenciones de nuestro corazón.

¿Cómo estar a cuentas con Dios?

Estar a cuentas con Dios nos permite recibir sus bendiciones y vivir con su paz y escondidos en Cristo. Para hacerlo, tenemos que creer, confiar y vivir estas palabras que nos enseña Dios sobre tener temor (o reverencia) ante Su majestad y ante Su poder.

Aquí Dios nos exhorta como Padre:

Salmos 34:11-22

Venid, hijos, oidme; El temor de Jehová os enseñaré.
¿Quién es el hombre que desea vida, Que codicia días para ver bien?

Guarda tu lengua de mal, Y tus labios de hablar engaño.
Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela
.

Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos.
La ira de Jehová contra los que mal hacen, para cortar de la tierra la memoria de ellos.

Recuerda:

  1. Confiesa tus pecados en oración cada día y pide perdón por ello.
  2. Deja de hacer lo malo y busca el bien y la paz.

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