Amar a Dios es conocerlo, alabarlo y también obedecerlo. Jesús dijo: Si me amáis, guardad mis mandamientos. (Juan 14:15) y sus mandamientos fueron amar a Dios y al prójimo como a ti mismo.
El propósito principal de Dios es tener una relación íntima con cada uno de nosotros. Lo que conlleva nuestra disposición a realizar estas tres recomendaciones:
Conocer a Dios
Porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
Lucas 4:8
Para conocer a Dios lo que debemos hacer es leer, estudiar y meditar en Su Palabra revelada. Así conoceremos Su Voluntad para con nosotros y con la humanidad. El libro de los Salmos es un buen lugar para comenzar.
¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
Salmos 73:25
Dios es nuestro creador y por eso ya adquiere un estatus mayor que cualquier otra persona en el mundo. Debemos amarle con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas nuestras fuerzas (Marcos 12:30). Lo que implica no amar las cosas (ni personas) de este mundo por encima de Él (1 Juan 2:15).
Hay muchas formas de amar a Dios como es desear y orar por que Su voluntad se haga sobre la Tierra. Debemos anhelar Su Justicia, su gracia y misericordia. De esta manera podremos probar su bondad y ver que realmente Dios es bueno y podemos confiar en Él (Salmo 34:8).
Si quieres conocer más a Dios en este artículo puedes conocer sus fascinantes atributos.
Obedecer a Dios
Amar a Dios es obedecerle pero no solamente cumpliendo sus reglas y haciendo buenas obras, la motivación debe ser por amor a Él. Querer complacerle y acatar sus mandatos con gozo, viendo que realmente son buenos para nosotros y nos protegen en este mundo de maldad.
Puedes leer cuáles son los mandamientos de Dios y si aún se consideran vigentes.
Alabar a Dios
Hebreos 13:15 nos dice que ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.
Tenemos que proclamar las nuevas de su Evangelio y de su Reino a los demás. Llevar y ser luz en medio de un mundo de tinieblas. Ser la sal que condimenta este mundo de llanto, dolor y muerte pues a nosotros se nos ha regalado la bendita esperanza de la vida eterna junto a Él.
Haciendo estas cosas amaremos más a Dios y se lo mostraremos. Si tienes interés puedes leer este artículo sobre el amor y los tipos de amor que existen en relación a los demás.
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