Según la revelación bíblica, la santidad es una de las cualidades fundamentales de Dios y de Su Espíritu. De hecho es Su Atributo Supremo ya que hasta los ángeles le cantan Santo, Santo, Santo en todo momento delante de Su Trono.
Y los cuatro seres vivientes, cada uno de ellos con seis alas, estaban llenos de ojos alrededor y por dentro, y día y noche no cesaban de decir:
Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios, el Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir.
Apocalipsis 4:8
Del término hebreo «kadosh» que significa pureza, física, ritual, moral y espiritual. Es lo que es eternamente puro e incorruptible. Implica igualmente separación.
Dios es completamente puro, justo, libre de cualquier tipo de mal o imperfección. Es lo que le hace sublime y trascendente. Dios tiene esta naturaleza Única y Perfecta.
Podemos también asociar la Santidad de Dios a su Majestuosidad y Poder. Dios es Sagrado y Su Presencia va más allá de nuestro entendimiento.
Por eso el ser Hijos de Dios nos requiere buscar la Santidad:
sino que así como aquel que os llamó es santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque Yo soy santo.
1 Pedro 1:15-16
¿Cómo podemos vivir en Santidad?
Conociendo a Dios
Debemos buscar conocer a Dios por sobre todas las cosas. Tener nuestra relación personal con Dios es fundamental, orar, leer la Biblia y tener comunión con otros creyentes.
Obedeciendo sus mandamientos
Debemos evitar el pecado y vivir bajo la guía de sus mandamientos. Amar a Dios y al prójimo es lo que nos ha mandado principalmente Jesús (Mateo 22:37-39).
Renovando la mente
No debemos conformarnos a los patrones del mundo sino ser diferentes y estar renovando nuestra mente cada día (Romanos 12:2). Llenar nuestra mente con Su Palabra permitiendo que Su Verdad nos transforme en nuestra forma de pensar, actuar y hablar.
Dependiendo del Espíritu Santo
Debemos saber que esto no es del todo posible en nuestras propias fuerzas y por eso debemos orar y pedir guía y poder en al Espíritu Santo. Hay que dejarle trabajar en nosotros y someternos a él para hacer morir las obras de la carne.
Viviendo en amor y servicio por los demás
Debemos expresar a los demás y a Dios respeto, honra, amor, compasión, humildad, otorgar perdón, ofrecer ayuda…
No dejarse contaminar por el mundo
Tenemos que diferenciarnos del mundo en toda nuestra manera de vivir y seguir las recomendaciones de Dios:
No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
1 Juan 2:15-17
No involucrarnos en actividades y comportamientos pecaminosos.
Perseverar y arrepentirse
Vivir en santidad es un proceso gradual que culminará con el regreso glorioso de Cristo. Debemos confesar y arrepentirnos (cambiar) nuestras ofensas, faltas y pecados hechos a Dios y a los demás para alcanzar el perdón, gracia y misericordia. Y confiar en que Él así lo hace: nos perdona pero debemos apartarnos de todo mal.
Debemos buscar avanzar y levantarnos de los tropiezos. Buscando la guía de Dios en oración, ruego y súplica. Dejarle actuar para santificarnos en todo nuestro ser para poder ser así reflejos de Cristo.
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